Venía aplazando el retorno a la lectura. Quizás por distracción o falta de tiempo, pero el libro que finalmente rompió esa racha fue The Martian (El Marciano) de Andy Weir. Y lo hizo de una manera inesperada: invocando profundos sentimientos de humanidad.
Humanidad en la Soledad y la Ciencia
Al leerlo, surge una pregunta inevitable: ¿Qué es ser humano si se está completamente solo?
En el caso de Mark Watney, nuestro astronauta perdido, siento que la ciencia es lo que lo humaniza. El libro tiene la virtud de leerse con una simpleza pasmosa; nos hace creer que sobrevivir en Marte es posible. Pero lo que realmente nos mantiene agarrados a la trama no es solo la supervivencia técnica, sino sus “idas y venidas”. Ese constante prueba y error que nos hace sentir parte de su lucha obstinada.
Mark escribe en una bitácora. Nunca nos terminan de decir si alguien lee esos registros, pero su mayor hito no es solo cultivar papas en suelo marciano, sino lograr hablar con la NASA. La señal pura no bastaba; tuvo que recurrir al código ASCII. Tuvo que recurrir al lenguaje.
¿Es la Ciencia la Evolución del Lenguaje?
Esta idea me llevó a un recuerdo de mi adolescencia: cuando a los 13 años me regalaron mi primer “libro gordo”, un tomo de fantasía que fue un desafío y que me enseñó el poder de las palabras. Hoy, esa conexión revolotea en mi cabeza: el lenguaje nos humanizó, pero quizás la ciencia sea su evolución natural.
Como sugería Galileo, el universo está escrito en un lenguaje matemático, o como pensaban los filósofos de la ilustración, la ciencia es “un lenguaje bien hecho”. Al igual que las palabras ordenan nuestros sentimientos, la ciencia nos ordena la cabeza frente al caos del universo. Nos da una estructura para entender lo que parece incomprensible.
El Olvido y el Narrador Interno
Fuera del misticismo de aquel libro de fantasía, reconozco que las palabras tienen un poder vital hoy en día.
Hay una frase que resuena en mí: “El olvido es un ladrón silencioso”. Lo contrario al lenguaje es un vacío de capacidad. Con la edad, a veces llega ese olvido triste: no poder pronunciar esa palabra exacta que sabemos, pero cuya “receta fonética” se nos ha escapado.
Por eso, festejo la posibilidad de retomar el hábito de la lectura. Es como si un narrador interno celebrara la oportunidad de seguir expresándose, alejándose del terreno infértil de la dependencia a las redes sociales, para volver al lugar donde las palabras nos permiten ser más humanos.